Interiorizar el exterior

El inicio del Eibar se resume en dos dinámicas claramente diferenciadas a partir de un denominador común: las bandas. El elemento discursivo del juego de Mendilibar ha sido el matiz que ha decantado para bien o para mal las dos caras que ha tenido el equipo eibarrés en este primer mes de competición. En los dos primeros partidos, el conjunto vasco no se encontraba a raíz de la falta de determinación que padecía en el juego exterior. Las bajas de dos piezas básicas como Inui y Capa y la marcha de Iván Alejo había obligado a recomponer la columna vertebral del sistema azulgrana. En 180 minutos de competición, el técnico de Zaldívar no encontró la solución de la ecuación en los volantes, principal punto de conflicto, después de probar a Milla, Bebé, Orellana o Joan Jordán. No fue hasta el derbi guipuzcoano donde el Eibar se consiguió reencontrar, contra un dibujo, el de Garitano, parejo al suyo. Pero no sería hasta el partido en el Wanda Metropolitano donde redimensionaría su capacidad por los costados. Y la personificación de esta voluntad de cambiar el guion tiene un nombre y un apellido poco conocidos en Ipurua: Pablo De Blasis.

Mendilibar parece haber encontrado la pieza que le faltaba en la banda.

El argentino aterrizó en Eibar el penúltimo día de mercado con el objetivo de solventar los problemas exteriores de Mendilibar. Y vaya si ha cumplido. El veterano jugador de La Plata ha sorprendido tanto en el efímero proceso de adaptación al estilo de Mendilibar como su protagonismo dentro de él. De Blasis no solo ha tapado las carencias que sufría el Eibar por la banda sino que ha respondido a muy buen nivel durante los dos últimos partidos. Sus apariciones han dado sentido colectivo a la propuesta eibarrense y su dilatada experiencia en un fútbol similar a lo que propone el equipo azulgrana le han dado esa calidad diferencial que demandaba en banda. La naturalidad con la que se expresa tanto con balón como sin él y la sincronía que demuestra con su compañero de banda denota un bagaje implícito en su corta adaptación. El argentino controla el qué, el cómo y el cuándo y esto es vital para un engranaje tan mecanizado como el de Mendilibar.

Aúna una capacidad tanto con balón como sin él que le va a aportar mucho al Eibar.

De Blasis es un jugador menudo que se mueve bien al espacio, con su físico pequeño pero potente, pero también con balón, con un golpeo y técnica de pase muy notable debido a su centro de gravedad bajo. Esto le permite una ambigüedad exterior tanto a pierna natural como a pierna cambiada perfecta dada la exigencia física y versatilidad que deben obedecer los volantes. A pierna natural puede hacer todo lo que sabe de mejor forma que en el lado opuesto pero sin el componente interior que este le otorga. De perfil diestro, en la banda derecha puede buscar la orilla contraria y arrastrar la defensa rival para habilitar al lateral sin oposición con más facilidad, pero no le permite ni centrar de cara -como pasa en la izquierda- para dar más potencia y precisión al centro, ni interiorizar su posición hacia el carril central, un factor que valora mucho Mendilibar.

De Blasis tiene capacidad para funcionar tanto por el interior como por el exterior.

En el Wanda Metropolitano, el técnico del conjunto eibarrés lo situó a pierna natural, pero en el segundo acto lo colocó en el lado contrario, donde encontró más facilidades para exponer su juego debido a la libertad interior de que disponía. Aunque en la primera parte frente al Leganés no pisara el carril central con tanta soltura como en la segunda, el argentino volvió a habitar el lado opuesto a su pierna natural, mostrando las intenciones que tiene puestas en él Mendilibar a corto término: que De Blasis sea el principal responsable de ocupar el espacio interior en zona de tres cuartos que hasta día de hoy solo habían recaído en la proyección ofensiva de Escalante y la descarga de Sergi Enrich.


BP | 25/09/2018