Pablo De Blasis: “En los cuatro años que llevo en la Bundesliga, sólo vi dos o tres veces que se jugara al pelotazo”

Se formó en Gimnasia La Plata, club del cual es hincha, pasó por Ferro, debutó en Europa con Asteras Tripolis (Grecia) y es el octavo futbolista nacional con más partidos en la poderosa liga alemana, con 102 presencias en Mainz.


Estudiantes o Gimnasia. Gimnasia o Estudiantes. Pablo De Blasis nació en el centro de una familia platense dividida por esos dos clubes a puro fanatismo, como suele suceder en la capital bonaerense. Su padre y él son hinchas del Lobo; su mamá, su hermana mayor y Julián, su hermano menor, son pincharratas. Claro que la locura futbolera llegó a tal punto que cuando llegó Julián a la familia, había que desempardar el 2-2 familiar. Y todo se decidió… ¡en una apuesta! Sí, en una apuesta entre sus padres sobre quién ganaba el clásico cuando el nene tenía tres meses.Ganó Estudiantes y desde entonces el menor es del Pincha.

“Pese a la diferencia horaria, veo todos los partidos de Gimnasia. Y cuando estoy en Argentina y juega de local, voy a la cancha. No me lo pierdo”, cuenta Pablo a 11 mil kilómetros de distancia de La Plata.

Es que hace cuatro años que vive en Mainz, donde juega para ese equipo en la Bundesliga, torneo en el que lleva 102 partidos, para ser el octavo argentino con más juegos en la liga alemana. Nada mal.

Pablo De Blasis, con su hija Josefina, delante de un cartel en el que se lo ve festejar un gol para Mainz.

Pablo De Blasis, con su hija Josefina, delante de un cartel en el que se lo ve festejar un gol para Mainz.

A pesar de su trayectoria y de sus 17 goles para el equipo, De Blasis no se siente un referente ni un ídolo de los hinchas. “Creo que eso no lo tiene que decir el jugador, aunque la gente terminó un poco teniendo adoración porque el cariño se potenció con que en los últimos partidos metí cuatro goles cuando no venía jugando y eso ayudó para salir de la complicación con el descenso”, admite el platense.

-Despacito y en silencio, superaste el centenar de partidos en Alemania, una liga muy difícil. ¿Cómo lo evaluás?

-Estoy agradecido por poder vivir esto. Ni siquiera imaginé este presente el día que jugué en contra de Mainz, cuando competía en Grecia y sabía que estaba a punto de ser vendido.

Su aterrizaje en el fútbol alemán fue curioso, porque todo comenzó cuando enfrentó a su futuro equipo. “Llegué a Mainz después de enfrentarlo con el Asteras Tripolis para la clasificación a la Liga de Europa -recuerda-. El salto de Grecia a Alemania fue grande y creo que la adaptación la sentí más, con respecto a lo que había sido el paso desde Argentina a Grecia”.

El orden fue lo que más le sorprendió a De Blasis a su arribo al país. “Me encontré con un equipo, una liga y un país totalmente diferentes. Es todo súper ordenado. Acá el sistema es súper perfecto y para mí eso era un sueño. Pasé de sacarme fotos en la cancha de ellos y en la ciudad cuando vinimos a jugar acá a vivir en Mainz y a jugar para este equipo”, relata con asombro aún a la distancia.

Pablo De Blasis, con su hija Josefina, en la nieve.

Pablo De Blasis, con su hija Josefina, en la nieve.

-¿Cómo es Mainz?

-Me gusta mucho. Es una ciudad retranquila y grande con lo justo, y si querés más cosas tenés a Frankfurt a 40 minutos o a una hora de viaje. Entonces se asemeja mucho a lo que vivía yo en Argentina entre La Plata y Buenos Aires.

Se adaptó al fútbol alemán, pero no tanto al idioma. Y lo admite con autocrítica. “Siempre intenté aprender alemán, pero como coincidía con tres o cuatro latinos en el vestuario, en realidad terminaba hablando todo el día con ellos y el español lo seguís usando siempre -explica-. Sé alemán, pero en cuatro años tendría que saber un poco más. Para ellos, ya tendría que hablar perfecto, pero también me comunico con una mezcla de inglés y de alemán”.

Pablo De Blasis se ganó a los hinchas del Mainz en Alemania.
Foto: EFE

Pablo De Blasis se ganó a los hinchas del Mainz en Alemania. Foto: EFE

Desde la creación de la Bundesliga en la ex Alemania Federal de 1963, durante plena Guerra Fría, Bayern Munich se adjudicó 27 de los 55 títulos en juego. O sea, la mitad menos uno. Borussia Dortmund y Borussia Mönchengladbach lo siguen… con cinco trofeos cada uno. En este contexto de absoluta disparidad histórica y presente, ya que la liga quedó en poder del equipo bávaro en los últimos seis años, De Blasis cuenta lo difícil que se hace pelearle el título a los equipos grandes, en especial al Bayern.

“Es cierto que la tendencia es que los equipos grandes generalmente ganen, pero vos jugás el fin de semana sabiendo que el resultado puede ser cualquiera en cualquier estadio. Eso sí -avisa-, contra Bayern Munich se sabe que es el partido a perder porque siempre te supera en todo. Pero a mí me tocó ir dos veces a Munich y ganar y empatar en dos años diferentes. Y en la penúltima fecha de esta Bundesliga derrotamos por primera vez en su cancha al Dortmund. En Grecia jugábamos contra Olympiakos y sentías un poco que los iban a ayudar o que era más complicado. En Alemania nada es imposible”.

En su casa en Mainz, Pablo De Blasis, con su hija Josefina, disfruta de la parrilla portátil.

En su casa en Mainz, Pablo De Blasis, con su hija Josefina, disfruta de la parrilla portátil.

-¿Se nota el buen gusto en el fútbol alemán? ¿Qué apreciás vos dentro de las canchas?

-Acá es muy difícil que un equipo juegue al pelotazo. En los cuatro años que llevo en la Bundesliga, sólo vi dos o tres veces que se jugara al pelotazo. Los equipos intentan salir por abajo, a otros les gusta jugar más directo y están los que elaboran más la jugada.

Si bien su carrera en Alemania le permitió afirmarse en el exterior, De Blasis nunca fue convocado a la Selección. “Cuando comencé muy bien la temporada anterior, Bauza había dicho que me estaban siguiendo, pero nunca recibí un llamado. Esa fue la vez en la que me sentí más cerca, pero nunca tuve otro acercamiento”, comenta el platense sin lamentos.

El chiquito Pablo De Blasis salta contra los gigantes en Alemania.
Foto: AFP

El chiquito Pablo De Blasis salta contra los gigantes en Alemania. Foto: AFP

Sus primeros pasos en el fútbol fueron en Rivadavia de La Plata, para luego dar el salto a las Inferiores de su querido Gimnasia, donde cuenta que tuvo el mejor aprendizaje de su vida: “No jugué casi nunca entre Novena y Séptima y eso me sirvió para forjar una mentalidad bastante fuerte y para ser constante. En las últimas tres categorías más grandes, tuve un recorrido más normal”.

Debutó en Primera en el Torneo Clausura 2008, en la victoria por 2 a 1 ante Vélez, cuando ingresó faltando 5 minutos por Juan Cuevas. Al no tener lugar, la institución decidió darlo a préstamo a la Primera B Nacional, donde formó parte del plantel de Ferro.

Pablo De Blasis es hincha fanático de Gimnasia La Plata, club que lo formó y lo llevó a Primera.
Foto: Daniel Forneri

Pablo De Blasis es hincha fanático de Gimnasia La Plata, club que lo formó y lo llevó a Primera. Foto: Daniel Forneri

“Ahí me fue muy bien porque es como otro mundo -explica-. Cuando bajé a la B Nacional, me terminó sirviendo para el año siguiente que jugué para Gimnasia en la B, que era algo que yo no me esperaba. Madurás en un montón de cosas. Jugué como 40 partidos en un año y medio y cuando volví del préstamo a Gimnasia, tenía experiencia. Por eso me quedó un recuerdo muy bueno de Ferro”.

-¿Cómo evaluás tu regreso a Gimnasia en 2010?

-No jugué los primeros seis o siete partidos. Me citaban para concentrar, pero el entrenador de ese momento (Osvaldo Ingrao) me avisó de antemano que yo iba a empezar relegado y decidí quedarme igual. Me tocó debutar con River –perdieron 2-0- en el año en el que estuvieron en la B Nacional. No salí más y terminé con un año bastante bueno.

Sí hubo lamentos cuando en 2012 quedó libre de Gimnasia y se le frustró la llegada al fútbol italiano. “Tenía un contrato arreglado con Brescia, pero en la Serie B hay una reglamentación que dice que no pueden firmar los extracomunitarios y yo tenía la ciudadanía muy avanzada –cuenta-. Hubo una traba y estuve dos meses parado con el contrato listo para firmar, pero no pude hacerlo. Así que me fui en la última semana del libro de pases a Grecia”.

Pablo De Blasis anota un gol para Gimnasia La Plata en 2011.
Foto: Daniel Forneri

Pablo De Blasis anota un gol para Gimnasia La Plata en 2011. Foto: Daniel Forneri

Asteras Tripolis, un equipo del segundo escalón del fútbol griego, lo esperaba con las puertas abiertas. “Sabía que el equipo atravesaba unos años muy buenos y que iba a pelear arriba. No sé si el campeonato, pero sí por entrar a las copas europeas –recuerda-. En ese momento, en el club había seis o siete argentinos y no me detuve a pensar en qué iba a pasar con mi carrera sino que llegué, encajé justo en el equipo y al jugar me sentí cómodo desde el primer momento”.

-¿Se te complicó con el idioma?

-No. Había practicado inglés antes de irme a Europa y los griegos no hablan tan rápido. La adaptación fue buena y obviamente los argentinos estábamos todo el día juntos. Encima en el segundo año llegamos a ser diez argentinos y cinco españoles. La pasábamos muy bien. Aquel año fue espectacular: comíamos asado, entrenábamos, nos quedábamos pateando… Fue un gran año también.

Y encima llegó aquel duelo contra Mainz para entrar a la Liga de Europa y la historia de Pablo De Blasis cambió para siempre hasta ser un clásico en la Bundesliga.

Pablo De Blasis besa la camiseta de Mainz con la pelota abajo.
Foto: AFP

Pablo De Blasis besa la camiseta de Mainz con la pelota abajo. Foto: AFP

El día en que pateó un penal por el VAR

La última temporada de la Bundesliga no fue una más porque por primera vez se implementó el video arbitraje, comúnmente llamado VAR. A Pablo De Blasis le tocó ser protagonista de una polémica, porque en un partido clave para el descenso entre Mainz y Friburgo tuvo que patear un penal que fue sancionado por el VAR.

“El árbitro terminó el primer tiempo luego de una última jugada dudosa. Cuando los rivales ya se habían metido en el vestuario, el juez se llevó la mano al micrófono y empezó a chequear. Entonces les dije a mis compañeros que no se fueran y al final el árbitro terminó cobrando penal. Fue insólito, porque pateé siete minutos después de tanta discusión que hubo”, rememora quien expresa su desacuerdo “en un 80% o 90%” para con esta asistencia a los árbitros.

“Cuando es una jugada rápida que se la dicen al árbitro por el micrófono y lo solucionan en diez segundos, está espectacular porque no corta la esencia del juego. Pero cuando ya pasan siete minutos o hacés un gol y te lo anulan a los dos minutos, es otra cosa -separa los tantos-. En dos o tres años, la gente va a tener miedo de gritar un gol porque no va a saber si se lo van a anular.Si me preguntás si prefiero o no el VAR, te digo que no”.

-¿Piensan lo mismo que vos los alemanes?

-No fue un tema hablado en el vestuario, pero todos piensan más o menos como yo. Cuando te favorecen, no te quejás pero sí pensás: “Uh, si nos pasara a nosotros no estaría bueno”. Pasa que como en Alemania son todos muy correctos, es como que están un poco más de acuerdo.

 


Clarin DEPORTES | 01/06/2018